colectivo de cine

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martes, 29 de abril de 2014

PETER GREENAWAY


–¿Cuán seguido va al cine?
–Nunca. Es muy aburrido.
Así provoca Peter Greenaway, el galés que lleva más de tres décadas haciendo películas sobre el erotismo y la muerte, los temas que lo desvelan.
El director de El vientre del arquitecto (1987), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), Zoo (1985) y La tempestad (1991), entre otras, vino a Venecia para hablar sobre literatura y cine. Lo hizo durante la séptima edición de Incroci di Civilità (Cruces de Civilidad), un festival internacional de literatura organizado por la Università Ca' Foscari, la Fondazione Venezia y el municipio de la ciudad del que participaron veintidós escritores e intelectuales de diecisiete países.
Aquí, filoso, Greenaway sentencia: "El cine está muriendo. En sus ciento veinte años se ha desarrollado increíblemente poco."
–¿Lo dice porque cree que el cine no puede captar la imaginación?
–Vengo de México donde hicimos una película –que en Europa se estrenará en septiembre– sobre Sérgei Eisenstein (el director ruso que en 1925 filmó El acorazado Potemkin y la inconclusa ¡Que viva México!) y hablamos mucho sobre realismo mágico, esa corriente literaria de los años 60 y 70. ? Es muy difícil hacer cine sobre el realismo mágico porque es demasiado literario y se apoya en la imaginación literaria para su efecto. Hay varios filmes sobre obras de García Márquez que son muy malos porque quienes los realizaron nunca comprendieron lo que sucedía. Se quedaron en la superficialidad de tomar lo narrativo. Y no se trata de eso. En este contexto podríamos afirmar que el cine no logra captar la imaginación.
–¿No es una provocación que un cineasta decrete la muerte del cine?
–Yo lo creo de verdad. El cine murió en septiembre de 1983, cuando el control remoto llegó al living de los hogares de todo el mundo. Ir al cine es un fenómeno totalmente pasivo: uno se sienta en la oscuridad y recibe, recibe, recibe. A partir de 1983 la novedad fue que desde el living de su casa la gente podía cambiar de programa. Por eso creo que el cine es un fenómeno pasivo que está muerto. Estamos ante una nueva configuración de la noción de qué significa la relación con la audiencia. La audiencia se convirtió masivamente en alguien activo. Tenemos mucha interferencia de la audiencia hoy.
De un modo menos crudo, más diplomático, el autor del documental Rembrandt's J'Accuse , de 2008, dijo ante la British Academy of Film and Television Arts que lo condecoró en febrero con el BAFTA -el Oscar británico- por su trayectoria: "Todo el mundo está de acuerdo en que el cine está cambiando muy rápido y ser premiado con un BAFTA por tratar de contribuir en ese cambio es un placer, un incentivo y un reconocimiento de que el esfuerzo es valorado", dijo.
–Si el cine está muriendo, ¿para qué sirve obtener un premio BAFTA?
–Te acerca a otros públicos. El pintor inglés David Hockney dijo: "Si eres inglés, alcanzaste tu cumpleaños número 70 y todavía estás en condiciones de hervir un huevo, te condecorarán". Eso. Mis productores me dijeron que fuera a la ceremonia, que acepte el premio, que dijera un discurso breve y que me fuera. Porque podría ser útil para fortalecer mi credibilidad en el banco, si necesito un préstamo. Y podría ser bueno para la distribución de mis películas, que ahora llegan a Corea del Sur, Israel, Australia. Yo quiero que la gente vea mis películas.
–¿Le gusta que lo definan como un cineasta de culto?
–Sí, ¿por qué no? Hay también mucha gente que odia lo que hago.
–¿Odia o no lo entiende?
–Bueno, creo que es una combinación de ambas cosas. Muchas veces los juicios de valor negativos parten de la ignorancia, el desconocimiento o los malos entendidos. Pero no tenemos que preocuparnos porque, como ya le dije, el cine está muriendo.
–¿Y qué va a hacer usted cuando eso suceda?
–Hay muchas otras cosas. Mire, vivimos en la era de las pantallas. Fíjese, vivimos rodeados de pantallas lo que no significa que vivamos rodeados de cine. El cine muere pero las posibilidades del videoarte son muy vitales. Por eso me estoy dedicando tanto a este campo a través de instalaciones en museos, espacios públicos y teatros en diversos continentes.
En sus últimas presentaciones, Greenaway superpone proyecciones de texto escrito y oral, imágenes, sonidos y música. Abre varias ventanas dentro de la misma pantalla, multiplica las pantallas y los puntos de vista. Juega con un hipertexto en el que, en vez de recoger ordenadamente diversos medios de comunicación en un único contenedor, deja el resultado final, sin jerarquía ni predefinición, librado a la mente de cada observador. "La pantalla que se disuelve, el uso de la caligrafía, las variaciones cromáticas. Esta maduración estética es coherente con Greenaway y con su cine neobarroco -dice el crítico cinematográfico Vincenzo Patanè en la presentación del festival veneciano-. El siglo XVII lo atrae mucho, ya a sea por su momento cultural o porque se parece a nuestro tiempo contemporáneo, muy hedonista. El cine de Greenaway no puede ser catalogado. Su cine evidencia cuán arbitrario es cada sistema, cada lenguaje, cada pensamiento humano destinado a perderse en la infinita complejidad del universo." "Somos analfabetos visuales", sube la apuesta Greenaway.
–¿Me lo explica?
–Rembrandt dijo "El hecho de tener ojos no significa que podamos ver". Le pregunto: ¿usted fue a la escuela de arte? ¿A la facultad de arquitectura? ¿Estudió diseño gráfico? Tenemos una civilización basada en el texto. Texto, texto, texto, texto. Mi gran reclamo hacia el cine es que no se basa en la imagen sino que se basa en el texto. Cada una de las películas que usted ha visto en su vida comienza -estoy seguro en un 99,9 por ciento-, con un texto, no con una imagen. Todos nuestros libros sagrados, nuestros manuales de comportamiento, todos nuestros libros acerca del conocimiento y la ética están basados en palabras, palabras, palabras. Gracias a la revolución de Gutenberg, 500 años después, el noventa por ciento del mundo es letrado. Pero ¿cuánto tiempo, cuánta energía espiritual, intelectual, emocional ponemos en examinar de un modo equivalente la imagen? Usted me lo acaba de decir: no estudió arte, no tiene entrenamiento en su formación. ¿Qué diablos sabe usted acerca de las fotos? Usted no sabe nada de fotos.
–¿Cómo se alfabetiza visualmente? Es decir, ¿cómo se enseña a mirar y ver?
–En 1860 Monet decidió, por fin, que la pintura no era una ilustración del texto. Antes de eso, la mayoría de las pinturas era ilustración de textos. El texto viene primero, la imagen viene en segundo lugar. Principalmente por el cristianismo y luego por el mundo antiguo. La mayoría de las pinturas ilustraba lo que alguien había escrito. No es sólo el retrato de Madame De Medici sino que es imagen de la virtud y esa virtud viene de un poema. Puedo acusarla a usted de analfabeta visual pero no es su culpa. El tema es que usted fue muy mal educada. Desde que somos niños aprendemos dolorosamente el alfabeto. Hemos tenido que aprender a hablar. Y aprendemos copiando a nuestros padres. En nuestro sistema educacional, empezamos juntando palabras, construyendo nuestro vocabulario y aun de adultos nunca terminamos de pulir nuestra habilidad porque estamos todo el tiempo practicando. Cuando usted tiene doce años, la maestra dice: "A dejar de lado los crayones, las telas, pongámonos serios. Ahora vienen textos, textos, textos". Ese el modo en el que usted va a pagar la cuenta en el almacén, va a encontrar un marido, va a pagar la hipoteca. No lo hará a través de imágenes sino a través de textos. Y es por eso que digo que la mayoría de la gente es analfabeta visual. Simplemente no gastan la energía, la integridad, el interés, la pasión por la imagen que invierten necesariamente en el texto. Volviendo a su pregunta. Debemos cambiar el sistema educativo. Hoy, que tenemos un mundo basado en lo digital tenemos una oportunidad mejor. Umberto Eco es fan de la revolución digital y ahora cree que con la revolución digital hay una oportunidad de oro de abrir los ojos. Es la oportunidad de que las imágenes reconfiguren cómo podemos reconstruir nuestro sistema de comunicación que, básicamente significa nuestra civilización. Se trata del control de la comunicación, y yo agregaría del control, de la organización y del entendimiento de la comunicación visual.
A los 72, el director de Las maletas de Tulse Luper (2003), que empezó siendo pintor, admite: "Yo quería pintar imágenes en asociación con la música. El cine hace eso. Se podría decir que mi deseo de hacer pinturas con música fue el motivo que me hizo entrar en el cine. Así como Borges no escribía sobre la vida real sino sobre la literatura y construyó libros sobre libros, yo quiero construir imágenes sobre imágenes. Borges fue una gran influencia para toda mi generación. Cada generación crece fascinada por un talento literario. Lo fueron Proust, Kafka, Borges, Kundera".
–Hace un tiempo usted habló de ponerle fin a su vida cuando cumpla 80. ¿Lo sigue pensando?
–Al menos que haga algo valioso antes de los 80, es raro que lo haga después de haberlos cumplido. Soy darwiniano. Tengo cuatro hijos y seis nietos. Cumplí con mi obligación darwiniana. Pasé mi material genético. Lo he hecho hace mucho tiempo. Mi hija más chica tiene 13. Me gustaría estar cerca hasta que ella cumpla 21 y esté en condiciones de procrearse. Creo que la continuidad no está en tener hijos sino en ver cómo los propios hijos tienen hijos. No creo que haya ningún otro motivo por el que valga la pena estar en este mundo que no sea tener sexo. Tener sexo, coger, es un modo vulgar de referirse a la procreación. Todos estamos programados para procrear. Sea usted una cebra, un mono, una mosca o un ser humano. Y sé que mi próxima gran aventura será morir.
–¿A su cine le pesa el paso del tiempo?
–El modo en el que solemos organizar el cine es para mujeres jóvenes. Y desnudas. Helen Mirren dice: "Una se vuelve más interesante a medida que envejece y". Dígame usted, ¿dónde están los papeles para mujeres de 45, 55 y 65 años? Ella está siempre muy ocupada y requerida para filmar. Supongo que Meryl Streep también. Esto me estimula a escribir sobre mujeres. Estoy trabajando en un guión llamado Waiting women (mujeres en espera). No sé cómo se siente usted con la idea de esperar. Yo sostengo que es la condición femenina. Las mujeres esperan a sus amantes, esperan dinero, esperan éxito, esperan que sus sueños se hagan realidad, esperan hijos. Escribí este drama en cinco partes que transcurren en los siglos XVII, XVIII, XIX y XX.
Habla como si tuviera un profundo conocimiento sobre las mujeres.
–Bueno, en realidad ése es un tema en el que uno nunca termina de educarse.

viernes, 18 de abril de 2014

UN AMOR NO CORRESPONDIDO

FotoFoto
por Alejandra Rodriguez
Generalmente se acepta la idea de que no hay película que iguale, y mucho menos que supere, al libro del que procede. La Historia de la Literatura está llena de autores descontentos sobre cómo se han tratado sus historias en la gran pantalla.
Gabriel García Márquez no podía ser una excepción; con dos agravantes. Por un lado, Gabo es uno de los escritores que más interés ha despertado en los cineastas. De hecho, cuenta con un gran número de filmes adaptados entre sus novelas y cuentos.
Por otro, el colombiano siempre ha manifestado un claro interés por el séptimo arte. «Al principio quise ser director y lo único que realmente he estudiado es cine [en 1955 se matriculó en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma]. Ahora apenas voy porque llego a la sala y termino firmando autógrafos. Sólo veo sesiones privadas. En televisión no me gusta», decía en una de las entrevistas que concedió.
En definitiva, García Márquez ha escrito de cine (fue uno de los columnistas cinematográficos más reputados de Colombia y luego de América Latina) y ha escrito cine. Colaboró en varios proyectos en la gran pantalla e, incluso, intervino en la guionización de varias obras suyas que fueron adaptadas al cine.
Es más, el escritor también hizo sus incursiones como actor, si así se puede denominar a la aparición  en la adaptación cinematográfica de su propio cuento 'En este pueblo no hay ladrones', en la que también actuaban Luis BuñuelJuan Rulfo y Carlos Monsiváis. No fue su único papel; también estuvo presente en 'Juego peligroso', de Luis Alcoriza y Arturo Ripstein; 'Patsy mi amor', de Manuel Michel; o 'El año de la peste', de Felipe Cazals y que también era una adaptación de un libro de Daniel Defoe ('El Diario de la peste').
Finalmente, junto a sus dos condiscípulos del Centro Experimentale di Cinematografía, y apoyados por el Comité de Cineastas de América Latina, fundó en 1986 la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba. A esta institución le dedicó tiempo y dinero de su propio bolsillo para apoyar y financiar la carrera de cine de jóvenes provenientes de América Latina, el Caribe, Asia y África.
Sin embargo, y a pesar de todos estos factores favorables, la mayoría de los proyectos cinematográficos de obras de Gabriel García Márquez estuvieron marcados por la decepción. Según el veredicto de la mayoría de los críticos, ninguna de las películas, independientemente de lo prestigioso del elenco o de lo ambicioso del proyecto, logró dejar un buen sabor de boca en el autor; y tampoco en el público.
Los motivos para ello son numerosos, pero todos tienen que ver con el realismo mágico, estilo en el que García Márquez estuvo encuadrado. Los entornos mágicos a medio camino entre la realidad más terrenal y la fantasía más desatada en los que Gabo sitúa sus historias; esa mezcla de pasajes oníricos con escenas reales es verdaderamente difícil de llevar a la gran pantalla, sobre todo teniendo en cuenta que primero el guión debía responder a cómo lo imaginó el autor y, después, a cómo lo había fabricado en su mente el espectador.
Tampoco es fácil plasmar en una película la multitud de tramas que conforman la mayoría de las obras del colombiano. Historias complejas que se entrecruzan, personajes que se encuentran y se separan… y todo ello a veces a lo largo de varias generaciones. Ninguno de los personajes representados por García Márquez es simple; todos tienen múltiples aristas y facetas de la personalidad que tampoco es fácil transmitir en apenas dos horas de metraje.
Si a todo ello se le añade que los seguidores de Gabo son auténticos devotos de su manera de escribir y de describir, el reto de cualquier director o guionista que se enfrente a la adaptación de una de sus obras es francamente difícil.
De esta manera, sólo se han librado del vapuleo de la crítica, y no con demasiada alharacas, algunas películas basadas en cuentos modestos o 'El coronel no tiene quien le escriba', versión estrenada en 1999, protagonizada por Salma Hayek, Marisa Paredes, Fernando Luján y Rafael Inclán. Quizá el hecho de que su amigo Arturo Ripstein fuera el director hizo que la cinta tuviera una mejor acogida.
Otras como 'Crónica de una muerte anunciada' (1987), dirigida por Francesco Rosi y en cuyo elenco figuraban Anthony Delon, Ornella Mutti, Irene Papas, Rupert Everett o Lucía Bosé fueron calificadas de «bastante flojas». Y hasta eso es mejor que el desdén con el que fueron recibidas 'Del amor y otros demonios', dirigida por la costarricense Hilda Hidalgo en 2010 o 'Amor en los tiempos del cólera', una versión que ni siquiera Javier Bardem pudo salvar de críticas verdaderamente feroces.
Con estos y otros antecedentes, no es de extrañar que García Márquez se mostrase dispuesto a colaborar en proyectos cinematográficos sobre sus obras pero que siempre se resistiera a que 'Cien años de soledad', su obra maestra y por la que ha obtenido el mayor de los reconocimientos, se viera en la gran pantalla. Quizá quería ahorrarse el fiasco de que la cinta no estuviera, una vez más, a la altura; o quizá deseaba expresamente que Macondo sólo figurara en el papel y en la imaginación de cada lector.

García Márquez y el cine





El escritor colombiano Jorge Franco exploró, en un artículo de 2002, la relación de Gabriel García Márquez con la gran pantalla 
Tal vez la experiencia más frustrada que Gabriel García Márquez tuvo dentro del mundo del cine fue a sus 27 años, en Roma, como tercer asistente de dirección en una película titulada Lástima que sea un canalla, en la que actuaba Sofía Loren, una de sus actrices más admiradas.
Lo que nunca imaginó García Márquez es que en esa oportunidad no conocería a la actriz porque su trabajo consistió, durante todo un mes, en sostener una cuerda para que no pasaran los curiosos. Había llegado a Europa como corresponsal de El Espectador y quiso aprovechar su estancia en Roma para aproximarse a una de sus más sólidas pasiones: el cine. Al periódico tenía que enviar corresponsalías sobre la XVI Exposición de Arte Cinematográfico de Venecia. Aparte de buen crítico, su ejercicio en este arte se limitaba a su participación en la película La langosta azul, que había realizado con el Grupo de Barranquilla.
En Roma, se matriculó en el Centro Experimental de Cinematografía con el apoyo de Fernando Birri, director argentino quien también fue su cómplice para realizar el gran sueño de ambos: crear una escuela para enseñar, producir y promover el cine latinoamericano. Birri y García Márquez son los fundadores de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (en La Habana, Cuba).
Cuando después se trasladó a París, e hizo El coronel no tiene quien le escriba, Gabo insistió en que esta novela no era literatura sino cine, porque en realidad él quería ser guionista. Y añadió: “La novela tiene una estructura completamente cinematográfica y su estilo narrativo es similar al del montaje cinematográfico”.
La idea de hacer cine le siguió dando vueltas obsesivas en su cabeza y con ese firme propósito se fue a México, en 1961. Durante los primeros años trabajó en publicidad, de la mano de Álvaro Mutis, sin desistir de su idea de entrar al mundo de la creación cinematográfica. Finalmente, apareció Manuel Barbachano, productor de Luis Buñuel, con la propuesta para que trabajara el guión de El gallo de oro, basado en un cuento de Juan Rulfo, uno de los escritores más venerados por el nobel colombiano.
La buena recepción de Tiempo de morir, que dirigió Arturo Ripstein, le permitió entrar de lleno en el negocio cinematográfico. Después de varios argumentos y muchos escritos empezó a hastiarse de la industria. Cansado de los caprichos y de las extravagancias de directores y productores quiso abandonar lo que tanto había buscado, a pesar de las advertencias de Carlos Fuentes:
“Gabo, no se te olvide que esto que estamos haciendo en el cine es para financiar las novelas que queremos escribir. Recuerda que tienes que escribir tu gran novela”.
Un día, de paseo a Acapulco, vislumbró la historia que quería contar, su gran novela, la que le cambió la vida y conmocionó a los lectores del mundo: Cien años de soledad.
A partir de entonces, no sólo entró por la puerta grande a la literatura universal, sino que se reconcilió con el cine, esta vez, con la autoridad que le daban su genio y su prestigio, y a través de muchas historias suyas llevadas a la pantalla, de sus talleres en la escuela de Cuba, de historias bosquejadas para que otros las contaran en películas ajenas.
Una reconciliación que mantiene su buena dosis de resistencia, porque como el mismo García Márquez lo dice: “El cine y yo somos como un matrimonio mal llevado, no puedo vivir con él ni si él”.

lunes, 7 de abril de 2014

Algunos de los films


The congress y Algunas chicas

Bafici 2014
La 16ª edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, que se realizará desde el miércoles 2 al domingo 13 de abril, fue anunciada esta semana con varias novedades. Entre ellas, el aumento de la cantidad de actividades gratuitas, que incluyen principalmente muestras y proyecciones en el Recoleta, y funciones de cine y música en el Anfiteatro de Parque Centenario; la inclusión de la sección “Sportivo Bafici” dedicada a la producción cinematográfrica alrededor del deporte y la participación especial de Israel como país invitado, con eje en la retrospectiva de la filmografía del cineasta Uri Zohar. Pero eso no es todo, claro. Bafici 2014 tendrá variados, renovados y potenciados atractivos de programación, entre ellos el estreno de las nuevas películas de reconocidos realizadores nacionales e internacionales como Jean-Luc Godard, Edgardo Cozarinsky, Jim Jarmusch, Mariano Cohn y Gastón Duprat, Takashi Miike, Santiago Loza y Bill Plympton, además de la realización póstuma del director francés Alain Resnais. La nueva sección “Sportivo Bafici” rendirá homenaje a los films del danés Jørgen Leth, tendrá novedades como Head Games: The Global Concussion Crisis (de Steve James, de quien también se verá su obra maestra Hoop Dreams) o The Second Game (la flamante obra de Corneliu Porumboiu).

La nueva película del realizador israelí Ari Folman (autor de la notable Vals con Bashir) será protagonista de la función de apertura del Festival. Basada en la novela El Congreso de Futurología del escritor polaco Stanislav Lem, la película –mitad animación mitad “real”– cuenta la historia de una estrella de cine que firma con un poderoso estudio un contrato particular: al digitalizar su persona, pasará a ser propiedad de la empresa para todos los proyectos imaginables y no podrá “actuar” más en su vida. En un futuro diatópico, Robin Wright (que se interpreta a sí misma) decide, ante la falta de papeles importantes y bajo la presión de una carrera plagada de fracasos, aceptar la leonina oferta. Además este año, serán tres las películas argentinas que participarán en la Competencia Internacional. Se trata de Algunas chicas, la tercera realización de Santiago Palavecino (las anteriores, Otra vuelta y La vida nueva) que fue estrenada mundialmente en el Festival de Venecia del año pasado; La Salada, opera prima de Juan Martín Hsu que obtuvo el “Premio de la Industria” en el pasado Festival de San Sebastián; y Mauro de Hernán Roselli, que tendrá en esta edición del Festival su estreno mundial.

El ya clásico “Baficito” presentará un rico menú de corto y largometrajes para disfrutar en familia, y estrenará de manera anticipada en Argentina las esperadas secuelas de dos tanques como Los Muppets y Río. Por otra parte, también se presentarán retrospectivas de la portuguesa Rita Azevedo Gomes, el suizo Jean-Stéphane Bron, el estadounidense Robert Fenz, el brasileño Cao Guimarães y el maestro de la Clase B, Frank Henenlotter. El cine argentino estará representado por una muestra de películas de Carlos Schlieper (protagonista de la edad de oro del cine nacional) y por una selección de los “Retratos” de Rafael Filippelli. El programa se completa con un homenaje a los 10 años de la productora británica Warp, un repaso de clásicos y novedades del prestigioso CalArts (California Institute of the Arts), y una selección de films franceses que recuerdan el centenario de la cruenta Primera Guerra Mundial.

Acerca del BAFICI


El BAFICI nació en 1999, y año a año se consolidó como uno de los Festivales de cine más destacados del mundo, con un importante reconocimiento y un lugar de privilegio en la agenda cinematográfica internacional. Es reconocido como vehículo fundamental de promoción para la producción independiente, que aquí puede mostrar los filmes más innovadores, arriesgados y comprometidos. El Festival integra, a través de su amplia programación, diversas expresiones culturales y reúne a directores consagrados y nuevos talentos en un ámbito dinámico. Con un amplio rango de películas que incluye premieres mundiales, argentinas y latinoamericanas, además de merecidas retrospectivas, es el evento más grande y prestigioso para el cine independiente en América Latina.
Las cifras de asistencia total aumentan año tras año: de los 184.500 personas que reunió en 2005, el BAFICI tuvo una concurrencia de más de 220 mil espectadores en 2008, repartidos en 1011 funciones concretadas en las 9 sedes del Festival. Estos y otros datos permiten concluir que se trató hasta ese momento de la edición más exitosa de su historia, con record de entradas vendidas (más de 167 mil) y la novedad de un interesante ciclo de cine argentino al aire libre, en el pasaje Carlos Gardel del barrio del Abasto. Un año después, en su edición 2009, 245 mil personas disfrutaron de las 1069 funciones y accedieron a la venta de entradas unificadas que permite comprar localidades para cualquier cine o función. Asimismo se sumó la sección BAFICITO, para los más pequeños. La edición 2010 concluyó con un total de 280 mil personas y con un total de 200 mil entradas vendidas. En los once días que duró el Festival se proyectaron 422 películas de 48 países diferentes, totalizando 1115 funciones además de la incorporación del taller para niños ANIMATIONBOX de entrada libre y gratuita. Todo esto representa un crecimiento de un 10 % con respecto a la edición 2009, tanto de entradas vendidas como concurrencia total.
En el 2011 el BAFICI aumentó de manera considerable su número de entradas vendidas, alcanzando el récord de 210 mil. Alrededor de 300 mil personas aprovecharon la gran programación del Festival, que incluyó 438 películas (113 estrenos argentinos) proyectadas en las 11 sedes de los diferentes barrios de la Ciudad. Los más pequeños disfrutaron, además, del BAFICITO al aire libre en la pantalla de la Plaza San Martín de Tours. El Festival tuvo el orgullo de contar con la presencia de 300 artistas internacionales que formaron parte de este acontecimiento que año tras año crece y se renueva.
Los números finales de la última edición revelan el crecimiento de convocatoria y la confirmación del Festival como un verdadero acontecimiento de la nutrida agenda cultural anual de la Ciudad. En total, unas 350 mil personas participaron de la decimocuarta edición del BAFICI lo que representa un 15% más que en la edición 2011. Se vendieron 230 mil entradas, otra cifra que confirma el poder de atracción de una muestra que reúne todo tipo de cine arriesgado y original, el que no figura habitualmente en el circuito comercial de una ciudad reconocida como profundamente cinéfila. 1012 funciones con la proyección de 449 películas entre largos y cortometrajes, provenientes de países de los cinco continentes. Se proyectaron 111 títulos argentinos (52 cortos, 59 largos). El circuito de exhibición incluyó este año 23 salas repartidas en 11 sedes, con los agregados en esta edición del Planetario Galileo Galilei y su sala especial con proyecciones en sistema Full-Dome, el Centro Cultural San Martín con sus dos nuevas salas, y el Anfiteatro del Parque Centenario como sede de los ciclos de Cine al Aire Libre y BAFICITO. Buenos Aires respira cine y el público porteño, célebre por su cinefilia y fidelidad, acompaña cada edición en creciente número. No te lo pierdas, hay un lugar para vos.