colectivo de cine

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miércoles, 27 de julio de 2016

El francesito

Enrique Pichon-Rivière fue el hombre que revolucionó la psicología argentina (y mundial). Psiquiatra y psicoanalista, para muchos tuvo casi el mismo peso que Sigmund Freud. En El francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichón-Riviere (2016), Miguel Kohan (Café de los Maestros, 2008) se adentra en la difícil tarea de juntar información para, como un detective-terapeuta, reconstruir su figura y analizar un fenómeno con tantos adeptos como detractores.
¿Quién fue Enrique Pichon-Rivière? Es una pregunta que casi todos sabrán responder. Pero, ¿quién fue en realidad este hombre venido de Francia, radicado en el Chaco, que revolucionó el psicoanálisis? La respuesta muy pocos la conocen. Y es por esa minoría, de quienes estuvieron cerca de él, que Kohan transita para encontrar la información que necesita para armar el retrato humano del hombre que sembró la semilla del psicoanálisis en el país con más psicoanalistas del mundo.
Kohan toma la posta, se mete adentro de la película en cuerpo y voz, para entrevistar a quienes lo conocieron o tuvieron alguna relación conPichon-Rivière. Unos audios perdidos con su voz, sin los cuales el documental podría quedar trunco, son el desencadenante para que el realizador construya una película con tintes detectivescos, donde buscará pistas que lo lleven a poder armar el retrato del personaje objeto de estudio. Retrato que busca sacarlo del bronce y mostrarlo como un ser humano más.
El psicoanálisis no sólo será parte de lo que se cuenta sino que también el eje de la puesta en escena, ya que Kohan recurre a un formato de entrevista de la misma forma que un terapeuta indaga en su paciente, sin por eso caer en el recurso del documental "psicológico".
En tiempos donde muchas veces los documentales biográficos salen airosos en su investigación pero fracasan en la puesta en escena al no encontrar una estructura original y desacartonada, que Kohan haya podido combinar ambos elementos con ingenio y creatividad es todo un logro que debe destacarse.
fuente:Juan Pablo Russo / Todos al divan

domingo, 12 de junio de 2016

EL Bosco

"Es caótica. Y dolorosa. Y asusta", dice Salman Rushdie. ¿Qué asusta al escritor británico, condenado a muerte por el ayatollah Khomeini tras la publicación de novela Los versos satánicos? Una obra de arte.
Rushdie fue uno de los intelectuales convocados para analizar El jardín de las delicias, pintura realizada por El Bosco en el siglo XVI. La opinión de escritores, artistas, filósofos, músicos y científicos fue registrada en El Bosco. El jardín de los sueños, documental que se estrena hoy en 100 salas de España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Polonia, Hungría y la República Checa.

La película coincide con la espectacular exposición montada por el Museo del Pradopara conmemorar los 500 años de la muerte de uno de los artistas más enigmáticos e influyentes del Renacimiento. Hasta el 11 de septiembre se exhiben en Madrid 23 de las 27 pinturas que se conservan del pintor holandés, fallecido en 1516, y el museo ofrece en su página web un recurso interactivo para aprender más sobre su vida y obra.
"No hay una forma simple de explicarla. Es una obra para discutir sobre ella. Y quizás fuera ése su propósito: provocar una discusión", dice Rushdie sobre El jardín de las delicias en esta película dirigida por José Luis López-Linares y basada en una idea del historiador de arte Reindert Falkenburg.
El pecado, desde los tiempos de Adán y Eva, es el eje central de este enigmático tríptico pintado al óleo sobre tablas de roble, que logra concentrar en una obra el Paraíso y el Infierno. Cerrado, representa un globo terráqueo dentro de una esfera transparente sin animales ni personas, que alude en tonos grises al tercer día de la creación del mundo. Una vez abierto deja ver un colorido jardín de imágenes oníricas: cuerpos en poses eróticas o sometidos a torturas, plantas y frutas gigantescas, monstruos y animales fantásticos.Pensado como "una conversación sobre el cuadro" que une lo divino y lo humano, el film incluye también la reflexión de escritores como Orhan Pamuk, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2006, el filósofo Michel Onfray y el historiador de arte Philipe de Montebello, ex director del Museo Metropolitano de Nueva York.
"Es como un gran día de fiebre", la define el artista Miquel Barceló en el film. "Para aclarar lo que esto quiere decir hay que inventar palabras", coincide la escritora brasileña Piñón. "Esta obra lleva años emanando su fuerza, su alma", destaca por su parte su colega Cees Nooteboom.
"El Bosco pinta un mundo en el que nada es lo que parece. Todo es efímero y se desmorona", dijo a La Nacion días atrás Pilar Silva, curadora de la muestra del Prado. Y agregó un dato que no parece menor: El Bosco sufría una enfermedad que se llamaba "el fuego de San Antonio", producida por el consumo de pan de centeno infectado de hongos, que además de tormentos físicos producía visiones.

lunes, 8 de febrero de 2016

La muerte y la doncella

(película de 1994, basada en la obra de teatro, pero tan actual para nosotros los Latinoamericanos)
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Película con el sello Polanski basada en la obra del dramaturgo chileno Ariel Dorfman y cuyo nombre se debe a una historia retorcida entorno a “La muerte y la doncella” para cuarteto de cuerda de Franz Schubert. Es una historia dramática y extrema, tanto que se ha escrito incluso una ópera, y se ha convertido en la obra chilena más representada en el mundo. Habla de la venganza y del odio ante un criminal impune. Algo de lo que Polanski desgraciadamente sabe, porque su mujer fue asesinada cuando estaba embarazada por la pandilla de Charles Manson. De modo que el director conoce el tema profundamente.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Una película compleja, que habla sobre un país del que no se dice el nombre (pero que todo el mundo sabe que es Chile, aunque todo se puede extrapolar a cualquier país con pasado dictatorial) en donde un terrible régimen y una transición democrática problemática, han arrasado con muchas personas. Los años han pasado, la dictadura se ha derrocado hace años y ahora el nuevo Gobierno quiere investigar el régimen y enjuiciar por crímenes de guerra a los partícipes. Dentro de estos partícipes están los auténticos verdugos, los escuadrones de la muerte, que torturaban, violaban y mataban a la gente a su antojo.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina (Sigourney Weaver) es una de aquellas víctimas. Participaba en un periódico liberal y fue arrestada y torturada. Eso marcó profundamente su personalidad y sus miedos, pero también sus ganas de venganza. Su marido, Gerardo Escobar, un brillante abogado que seguro se convertirá en futuro Ministro de Justicia, presidirá la Comisión que investigue los crímenes. Esto es duro para ella y representa el choque definitivo entre alguien que defiende la justicia legal y alguien que hace de la venganza justicia.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Una oscura noche muy lluviosa, en la casa del acantilado que tiene el matrimonio, Paulina escucha en las noticias que su marido es el hombre de confianza del Gobierno para presidir la investigación, y se siente dolida porque él no le ha consultado antes de aceptar. Con este rencor en el cuerpo, y aislada en una cabaña en medio de una tormenta, espera a que venga Gerardo para hablar con él, pero este no llega solo, trae consigo a alguien, a un hombre calvo (Ben Kingsley) cuya voz le resulta conocida.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina se esconde, no está de humor para atender a nadie y ese hombre le da mala espina. El desconocido es el Doctor Roberto Miranda, ha recogido a Gerardo, cuyo coche había pinchado en medio de la tormenta. Este le lleva a su casa y se marcha.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Ella sale de su escondrijo, y discute con su marido por lo de la comisión. No considera que vaya a ser justa, cree que todo es una maniobra política y que los culpables se irán sin cargo ni culpa, porque sus amigos del nuevo Gobierno los protegerán.
Se acalora la discusión, incluso se vuelve tierna, cuando de pronto escuchan de nuevo el coche del doctor, que regresa para devolver la rueda que había pinchado el abogado y que habían guardado en su maletero.
Ahora Paulina ve confirmada su mala espina, se vuelve a su cuarto, y escucha por detrás de la puerta. La risa de Roberto, su forma de hablar, la manera de expresarse…era él, el hombre que la torturó hace años. Siempre la tapaban los ojos para que no viera a sus verdugos, pero reconocía su voz. Entonces se desliza sigilosamente mientras los dos hombres charlan en el salón. Sale a la calle y roba el coche del médico, dejándole aislado allí. Gerardo le explica que su mujer no está bien, que está desequilibrada y que le ha robado su coche para marcharse. En realidad los planes de Paulina eran otros, despeñar el auto por el acantilado, regresar a su casa, dar un golpe en la cabeza a su sospechoso, amordazarle e interrogarle.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Su marido le avisa de que todo aquello es una completa locura, un delito muy grave. Se puede estar equivocando, no puede ser que lo reconozca sólo por su voz, tiene que tener más pruebas. Ella está segura, sobre todo después de olerle y tenerle muy cerca, no había duda, era él.
Él por supuesto lo negaba, decía que en la época de la dictadura estaba estudiando en Barcelona, que llamara al hospital y preguntara. Pero Paulina no se fiaba, podría estar mintiendo. Quería matarle, acabar con todo aquello y arrojarle por el mismo lugar donde tiró el coche. El crimen sería perfecto de esa manera.
Una llamada les mete prisa. El Presidente llama a Gerardo y le advierte que están llegando muchas amenazas de muerte y que le enviarían escolta en unas horas. Tenían hasta las 6 de la mañana aproximadamente para arrancarle la confesión antes de que llegaran los policías.
Ante las súplicas del hombre y del marido, acepta un juicio en su casa. Si él confiesa y lo graban en vídeo, dejaría que se marchara. De esa manera estaría segura de que no le mandaría a unos matones, ó acudiría a sus amigos de la policía. Si lo hacía, emitiría el vídeo y se descubriría que es un criminal.
A partir de ahí, en medio de tanta confusión, Paulina cada vez está más segura de la culpabilidad de ese hombre. Él llama al hospital de Barcelona para hablar con la oficina de administración y pedir referencias. Debía preguntar por una tal Elena.
La coartada de Roberto parecía ser cierta, y Elena, en un extraño momento de lucidez, recuerda en la misma llamada a un médico que hace 15 años trabajó allí un verano. Esto no engaña a Paulina, que no se cree nada, sabe que los escuadrones de la muerte habían preparado coartadas para librarse de situaciones como esa.
Le llevan al acantilado para matarle y allí confiesa, mirándola a los ojos, descubriéndose y diciendo que estaba borracho de poder, que su trabajo como médico en los interrogatorios de los escuadrones, le hacía sentir poderoso, atormentando a aquellas jóvenes asustadas y con los ojos tapados, sintió impunidad, y se pasó con ellas.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
Paulina tenía lo que quería, su confesión, y finalmente no le mata, sino que se retira con su marido a la cabaña, dejando al criminal solo ante el precipicio, mirando hacia abajo. La venganza no le ha dejado satisfecha, pero sí el ver al doctor humillado y descubierto.
Este es el momento en el que regresamos al principio, a una sala donde cuatro músicos tocan “La muerte y la Doncella” ante un público en el que se encuentran los tres protagonistas de la historia. ¿Él está vivo? ¿Finalmente no se tira por el precipicio? Roberto estaba allí, con su familia, mirando a Paulina entre el público, como reconociéndola. Ella lo ve, y su cara refleja la misma expresión del doctor, como si por un momento estuvieran conectados y vivieran en un mundo imaginario su propia redención.
Destripando: "La Muerte y la Doncella"
¿Es posible que toda aquella venganza fuera fruto de su imaginación? ¿estaban soñando durante el concierto? ¿Sus mentes conectaron y vivieron esa historia? No lo sabremos, eso queda al gusto del espectador, que puede quedarse con el final del acantilado ó con la versión menos convencional.
En cualquier caso la película es una de esas grandes, con mucho fondo, con muchos significados, es posible que tengas que verla más de una vez y cada vez la verás diferente, descubrirás cosas nuevas y teorías nuevas sobre el final.
fuente: cocedero de cine

lunes, 1 de febrero de 2016

EL RENACIDO, para quien todavía no la vio


por Mariana Aguilar Tiquet

Descrita como “crudamente hermosa”, “The Revenant” es una película dura, difícil de ver en algunos momentos pero que sin duda enamora. Se trata de una cinta que despierta los sentidos; una poesía visual que cumple con las expectativas y lleva al espectador a lo largo de un viaje emocional.

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Dirigida por Alejandro González Iñárritu, “The Revenant” se convirtió en una de las producciones más complicadas en la historia del cine. Complicada desde el inicio por la historia y las condiciones bajo las que se tenía que filmar, esta cinta nos recuerda lo que era el cine en sus orígenes. Eliminando el uso de pantalla verde que facilita la búsqueda de locaciones y donde los actores pueden estar cómodos bajo un techo y un clima cálido, “The Revenant” regresa a la belleza del séptimo arte. Esa belleza en la que la tecnología ayuda pero no se convierte en una herramienta que sustituye lo real. Filmada en orden cronológico, esta película es un ejemplo del esfuerzo y dedicación para lograr no sólo un filme más, sino un retrato lo más fiel posible de la realidad: del dolor humano, del racismo, de las lágrimas derramadas a causa del egoísmo, del poder, de la sed de acabar con el mundo, de la destrucción…



“The Revenant”,  filme rechazado por otros directores por el tiempo y dedicación que requería, se convirtió en una especie de documental que atrapa desde el inicio hasta el final. Aclamada por la crítica y el público en general, esta película está bien lograda en todos los sentidos: un vestuario impecable, una buena adaptación, una fotografía que no tiene comparación, una dirección bien liderada y claro que excelentes actuaciones que no nos hacen dudar sobre lo que se ve en pantalla. Un reto para todos. Una película que nos conmueve a través del silencio, de los rostros y de la fotografía. Cinta en la que no se necesitan palabras para demostrar el dolor, pues basta con una mirada para decirlo todo.”Un filme que había estado flotado alrededor por un largo tiempo, pero nadie estaba lo suficientemente loco para tomarlo[1]”.

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Con más de 30 ó 40 secuencias complicadas, este se convirtió en el papel más difícil de toda la carrera de Leonardo DiCaprio. “Ya fuese que tuviera que entrar y salir de ríos congelados, o dormir en los cadáveres de animales, o lo que comía en el set (…) estaba soportando congelación y posible hipotermia constantemente”. 

La película comenzó a planearse desde 2001, cuando el productor Akiva Goldsman adquirió los derechos de la obra de Michael Punke: The Revenant: A Novel of Revenge”; pero no fue hasta 2014 que González Iñárritu confirmó que comenzaría a filmar la cinta.

Para la dirección de la cinta se contemplaron a otros directores: Chan-wook Park (Oldboy) fue el primero en ser considerado, pero rechazó el proyecto cuando la pre- producción tomó más tiempo de lo esperado; después se consideró a John Hillcoat (The Road) y Jean-François Richet (Assault on Precinct 13). Finalmente, en 2011, González Iñárritu firmó para dirigir la cinta.the revenant
En un inicio se contemplaron para el papel de John Fitzgerald a los actores Samuel L. Jackson, Christian Bale y Sean Penn, sin embargo fue Tom Hardy quien se quedó con el papel, haciendo una excelente actuación.

Leonardo DiCaprio tuvo prohibido rasurarse la barba durante 18 meses, para darle un toque más real al personaje de Hugh Glass.

Tan sólo la primera escena tomó un mes de ensayos. Esta escena ha sido comparada con una coreografía de ballet, donde todo tenía que ser preciso.

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Leonardo DiCaprio es conocido no sólo por ser un excelente actor, sino por su activismo y por ser un ecologista comprometido. Esto último fue también lo que llamó la atención del director mexicano Iñárritu, quien dijo que DiCaprio respondía muy bien al contexto histórico de la cinta y la conexión con la naturaleza. “Todos los elementos coincidían para hacer a Leo la mejor opción (…) él entrega algo que sorprenderá a la gente y la conmoverá”.

A pesar de ser vegetariano, DiCaprio tuvo que comer hígado crudo de bisonte. La reacción del actor en la película cuando lo hace es real, justo lo que Iñárritu buscaba. “Fue una reacción instintiva”, comentó DiCaprio, luego de probar el hígado. “La peor parte es la membrana alrededor. Es como un globo. Cuando lo muerdes, explota en tu boca”. 

Muchas de las escenas de la película se filmaron en los bosques de Calgary, Canadá, por lo que no había señal móvil para comunicarse. Por esta razón los mensajes para comunicarse entre el staff y la producción debían ser entregados con motos de nieve. 

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Emmanuel Lubezki se negó a utilizar luz artificial durante el rodaje. Debido a que únicamente utilizó luz natural, las condiciones climatológicas complicaron más cada toma y el staff se vio obligado a utilizar hasta seis capas de ropa térmica para sobrevivir al frío. 

Por las mismas condiciones bajo las que se rodó la cinta y para evitar que alguien perdiera dedos debido al congelamiento, se fabricaron zapatos especiales para los actores. Estos mocasines tenían una buena protección contra el fío y agarre para la nieve. Según Leonardo parecían “un montón de gnomos felices, deslizándose sobre el hielo”.

La producción necesitó tener a su propio meteorólogo y saber bajo que condiciones filmarían.

detras camaras revenant

El rodaje llevó nueve meses, tres más de lo planeado, por lo que Tom Hardy, quien interpreta a Fitzgerald, tuvo que abandonar la cinta “Suicide Squad”, para la que iba a interpretar el papel de Rick Flagg, ahora remplazado por Joel Kinnaman.

Muchas veces el staff temía sufrir hipotermia debido al frío. Sin embargo, fue el invierno más caluroso en Calgary en 35 años, por lo que había lugares en los que ya no había nieve. Esto obligó al equipo a abandonar el Norte del continente y viajar hasta la punta. Ushuaia en Tierra del Fuego sirvió como locación para filmar las escenas restantes. 

El oso que ataca a Glass (Leonardo DiCaprio) fue en realidad interpretado por stunts que más tarde se remplazaron con tecnología CGI para dar vida al oso. El realismo del ataque se debe a que González Iñárritu estudió durante un tiempo los ataques de osos para que fuera lo más real posible.

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Los actores fueron entrenados para aprender a disparar rifles de la época en la que está ambientada la cinta, así como a utilizar otro tipo de herramientas y lanzar hachas. Para esto último resultó ser excelente Leonardo DiCaprio, quien ya lo había hecho antes en la película “Gangs of New York”. 

Llevó entre 4 y 5 horas diarias realizar el maquillaje de DiCaprio que consistía de más de 47 capas de prótesis, esto para lograr un rostro sangriento y hacerlo lo más real posible. La sesión de maquillaje comenzaba a las 3 de la mañana y muchas veces el maquillaje estaba congelado por el denso frío.  

La piel que lleva DiCaprio durante la película es de oso real. De acuerdo con Jacqueline West, diseñadora de vestuario, la piel llegaba a pesar hasta 45 kilos cuando estaba mojada. West logró que el Museum of the Fur Trade le prestara más pieles para otros personajes. Las pieles eran de diferentes animales, dependiendo la personalidad del personaje y cómo el animal pudiera relacionarse con ésta.

the revenant leo

Se creó una avalancha real para una de las escenas, para esto se arrojaron explosivos desde un avión sobre las montañas en Alberta, Canadá. El tiempo debía ser exacto, pues sólo se podía hacer una toma.

El vestuario de Leonardo DiCaprio está inspirado en dos pinturas, una de un monje ruso en una capa y la otra en una pintura de un nativo americano: un cazador Arikara.

pintura the revenant


El vestuario es excelente y tiene un significado más relevante de lo que cualquiera a simple vista pudiera creer. West explicó que el vestuario y el cambio de éste implica una “construcción y deconstrucción filosófica, donde al igual que el hombre, el vestuario evoluciona a través del tiempo, naturaleza y experiencia (…) se arrastra a ese caballo, y después es como si renaciera como un bebé al nacer, sangriento y desnudo”.

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La escena en la que el personaje de Glass es atacado por un oso es sin duda una de las más impactantes de “The Revenant”, y es justo esta escena la que no tardó en generar rumores. Seguramente a muchos habrá llegado ya la versión de un “oso que viola a Leonardo DiCaprio”. Según la revista Vanity Fair, el rumor parece haber surgido tras la crítica del periodista Roger Friedman en la que describe la escena en la que un oso voltea el cuerpo de DiCaprio y lo molesta. Claro que los comentarios en Twitter no se hicieron esperar. Más tarde, Tim Miller, director de Jeb Bush Communications, lanzó en su Twitter una pregunta que aumentó los rumores: “¿Hay ejemplos documentados de un oso violando a un humano en la vida real?[2]”

Y para que compruebes que tendrías que estar un poco loco para embarcarte en un filme como este, te compartimos un video del detrás de cámaras. Un video que refleja la esencia del cine, porque como dice Iñárritu, “no hay que depender de las palabras, sino de las imágenes y emociones”.  - See more at: http://culturacolectiva.com/datos-que-no-sabias-de-the-revenant/#sthash.ka2bAB73.dpuf

sábado, 23 de enero de 2016

El cine militante


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Al cine italiano se le han acabado los clásicos. Y a la gente de pie, la que sufrió a Berlusconi en Italia y a cualquier político populista en el resto de Europa, la que aún vive haciendo equilibrios por encima del vacío de la crisis económica, se les ha muerto su caballero andante. Anoche falleció en Roma a los 84 años Ettore Scola, y con él se despide un cine militante, un cine que hablaba con y sobre la calle. De la generación de creadores que catapultaron el cine italiano en la segunda mitad del siglo tan solo quedan vivos los hermanos Taviani, pero la huella de Scola es más profunda, humana y sobrecogedora. A Scola le importaba, y mucho, según confesaba, ser una buena persona, y por eso sus películas destilaban bonhomía, algo que a la generación actual de estrellas autorales de su país nunca les ha preocupado: mientras ellos alimentan su ego, Scola animó el ego del pueblo. Ha muerto el rojo Scola.
Scola (Trevico-Avellino, 1931) amó Italia, y fue su más fiel retratista, pero su país natal no le correspondió igual en las últimas décadas. “Para hacer una película debes amar la ciudad o el país donde transcurre, y yo no siento amor por Italia. No la odio, pero sí que me invade la tristeza”, le contó a este periodista en 2009, en un viaje en coche de Madrid a Valladolid en cuyo festival iba a recoger la Espiga de Oro de Honor de la Seminci. Muchas de sus críticas se dirigían hacia Silvio Berlusconi, entonces en el poder. “Ni los políticos ni los intelectuales hemos hecho lo suficiente para encararlo, para pararlo. Lo peor es que Italia no mejorará si muere Berlusconi. Su ideología está ya enraizada”. En su lucha contra los falsos héroes, el cineasta siempre defendió el enfado como un arma muy útil para apoyar sus reivindicaciones ideológicas. “El interés privado, el egoísmo, siguen por encima del rigor y la solidaridad. Así que las reivindicaciones de los sesenta siguen tan vigentes hoy como entonces”, decía al presentar en 1997 Historia de un pobre hombre. “El pesimismo es mucho más progresista que el optimismo, encierra más fe en el futuro. El optimismo es cosa de beatos”.
El director nunca se declaró líder de nada, y en cambio marcó a espectadores y cineastas, como, en España, Fernando León. “El cine es un arte de equipo. Militante es una palabra que nunca me ha gustado. En el trabajo que hago se transmiten mis ideas; si no, no sería una obra de autor. Cuando filmo películas específicamente políticas, incluso documentales para el Partido Comunista, están en ellas mis convicciones estéticas. Y en el cine que parece más profesional, como en Un italiano en Chicago están mis convicciones políticas".
Sus últimos años los ha pasado leyendo a los clásicos griegos y latinos, y su último trabajo tuvo mucho que ver con ese respeto a sus mayores: en el documental Qué extraño llamarse Federico (2013), Scola repasaba la figura, desde la admiración, de quien consideraba su hermano mayor, Federico Fellini. Coincidieron trabajando a finales de los años cuarenta e inicios de los cincuenta en la publicación satírica Marc’Aurelio, y las ilustraciones de Scola, elegantes, sintéticas, parecían en las antípodas de aquel barroquismo deformado que impulsaba la imaginería de Fellini: y sin embargo allí había dos almas gemelas, amantes de Italia, unidos en su repulsa a cualquier acción que significara actividad física, como el fútbol o nadar (ninguno sabía). El trío lo completó el guionista Ruggero Maccari. “Con Fellini no podías insistir”, contaba en ese documental. “Aun así le convencí para que hiciera de sí mismo en Una mujer ytres hombres, pero me puso una condición: ‘Nunca me filmes desde atrás. Se me ve la calva”.
Scola llegó al cine en los cincuenta, y empezó escribiendo guiones como negro de otros autores, tras haberse licenciado en Derecho. Su primer compañero de aventuras cinematográficas fue, por supuesto, Maccari. Como director debutó en 1964 con Se permette parliamo di donne, y al año siguiente ya había logrado cierta consideración con El millón de dólares y El diablo enamorado. Su gran década es la de los setenta: El demonio de los celos (rodada en Madrid con Manolo Zarzo), Un italiano en Chicago, Una mujer y tres hombres, Brutos, feos y malos, Buenas noches, señoras y señores y su película más conocida: Una jornada particular. “En el cine hay que sacar algo nuevo de cada persona, como en ‘Una jornada particular’, donde Sofia Loren encarnaba a una mujer malcasada y aburrida y Marcello Mastroianni a un periodista homosexual [ambos eran vecinos y la película transcurría durante la visita de Hitler a Roma en 1938]. Me interesan más los diferentes que los iguales. Yo nunca trabajé una vez con un actor, sino que repetía mucho. Porque cuanto más les conoces, más les sacas. Gassman era el más inteligente”. Mastroianni fue candidato al Oscar por ‘Una jornada particular’, y la película, a la estatuilla al mejor filme de habla no inglesa, premio al que aspiraron trabajos de Scola en otras cuatro ocasiones.
En los ochenta y noventa, asentado como cineasta de prestigio, siguió con su mirada a la historia y a Italia a través de personajes muy humanos y a menudo anónimos: La terraza, Entre el amor y la muerte, La noche de Varennes, Macarroni, La familia, Splendor, ¿Qué hora es?, Mario, María y Mario, Historia de un pobre hombre, La cena, y ya en 2001 Competencia desleal. En 2003 pareció despedirse con Gente de Roma, con la que el napolitano subrayaba, agradeciendo a sus edificios y a sus habitantes, la importancia de esa ciudad en su vida y en su carrera, donde devino en habitual personaje secundario. Pero faltaba la despedida, una década después, a su amigo Federico.
Con humor y admiración aseguraba que el recuerdo imperecedero “es una fuga que se les permite solo a los grandes: Dante, Maquiavelo, Leopardi, Fellini. Solo ellos consiguen huir de la muerte, refugiándose en la inmortalidad”. Desde anoche, junto a esa pléyade, ríe Ettore Scola.

FILMOGRAFIA SELECCIONADA

‘Se permettete parliamo di donne’ (1964)
‘El millón de dólares’ (1965)
‘El diablo enamorado’ (1965)
‘El demonio de los celos’ (1970)
‘Un italiano en Chicago’ (1971)
‘Una mujer y tres hombres’ (1974)
‘Brutos, feos y malos’ (1976)
‘Buenas noches, señoras y señores’ (1976)
‘Una jornada particular’ (1977)
'La terraza' (1980)
‘Entre el amor y la muerte’ (1981)
‘La noche de Varennes’ (1982)
'La sala de baile' (1983)
'L'addio a Enrico Berlinguer' (1984)
‘Macarroni’ (1985)
‘La familia’ (1987)
‘Splendor’ (1989)
‘¿Qué hora es?’ (1989)
'El viaje del capitàn Fracassa' (1990)
‘Mario, María y Mario’ (1993)
‘Historia de un pobre hombre’ (1995)
‘La cena’ (1998)
‘Competencia desleal’ (2001)
‘Gente de Roma’ (2003)
'Qué extraño llamarse Federico (2013)