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domingo, 6 de noviembre de 2016

Cómo una investigación periodística acaba en el cine

El intercambio

Fue la casi olvidada lucha de una mujer de clase trabajadora para encontrar a su hijo desaparecido lo que, casi 80 años después, haría posible la unión de algunos de los cineastas mejor considerados de Hollywood para contar su historia. Nadie recordaba la increíble batalla librada por Christine Collins hasta que un experiodista la descubrió por casualidad.
Clint Eastwood realizó esta película con una mujer como protagonista y con un tema escabroso. La historia real de Christine Collins (1891-1964) y su personal cruzada por recuperar a su hijo, que conmocionó a la ciudad de Los Ángeles en su época. Los enormes sótanos del Ayuntamiento de Los Ángeles albergan casi cien años de historia en sus archivos, entre los que se encuentran decenas de miles de páginas con los informes sobre Christine Collins y las sesiones del Consejo Municipal de Bienestar Social a finales de los años veinte del siglo pasado. Cuentan la historia de la desaparición de Walter, su hijo de 9 años, y las enrevesadas maquinaciones del Departamento de Policía de Los Ángeles durante y después de la más que deficiente investigación. El guionista J. Michael Straczynski, había trabajado para Los Angeles TimesThe Herald Examiner y Time, entre otras publicaciones, y hace unos años descubrió la asombrosa historia de la mujer que detuvo la maquinaria política de la ciudad.
«Una fuente que tenía en el Ayuntamiento me llamó para decirme que estaban quemando archivos viejos y que debería echar un vistazo a uno antes de que acabara en la incineradora. Me fui allí corriendo y leí la trascripción de la vista oral que celebró el Consejo Municipal de Bienestar Social para el caso de Christine Collins. Empecé a leer el testimonio y lo primero que pensé fue: ‘Esto no puede haber pasado, debe haber un error’, y me quedé enganchado».
Lo que al principio era una historia interesante no tardó en convertirse en un relato absorbente para J. Michael Straczynski a medida que iba descubriendo más detalles. Dedicó un año a seguir el complicado itinerario que recorrió Christine Collins durante siete años para descubrir qué le había pasado a su hijo. Pero lo que descubrió en los polvorientos archivos era mucho más grave que la farsa ideada por el joven Arthur Hutchens. Había una historia paralela, la de Gordon Northcott, un hombre depravado que alternativamente reconocía y negaba haber matado a Walter, y la del terrible y violento poder que ejercían las autoridades de Los Ángeles en la época.
 J. Michael Straczynski dice: «Todo se basa en el deseo de Christine Collins por descubrir lo que pasó, en que nunca se rindió, pasase lo que pasase. Nunca abandonó su búsqueda. Su tenacidad le dio fuerzas para soportar cosas que habrían roto a cualquiera, pero ella nunca dejó de luchar. Quería rendirle un homenaje». Para hacer más veraz la historia, el guionista incluyó frases sacadas del testimonio de Christine y de otras personas.
El material básico para realizar el guión está sacado de los recortes de prensa de la época que cubrieron el caso:
Larry Harnisch publica en su blog otras informaciones interesantes, como la correspondencia de Christine Collins con autoridades de la cárcel en donde su esposo murió, hecho acaecido varios años después de la muerte de su hijo. Además, el investigador publica los artículos de prensa relacionados con el caso, desde el momento de la denuncia de Christine Collins hasta el día de la ejecución de Gordon Northcott, tres años después. Busque esa información en el siguiente enlace: http://latimesblogs.latimes.com/thedailymirror/changeling/index.html

Los Angeles Times, 17 de octubre de 1928
Christine Collins testificó ante la Comisión Policial
La Sra. Collins relató su historia claramente, y declaró desde el principio que estaba segura de que el niño no era su hijo desaparecido. El juez Schweitzer, presidente del tribunal, la sometió a un riguroso interrogatorio y acabó por preguntarle qué había pasado poco antes de que la ingresaran en el hospital del condado. «Me pidieron que me presentara ante el capitán Jones», dijo ella. «Frente a varias otras personas, él me dijo, ¿Qué intenta hacer? ¿Hacernos quedar a todos como tontos? ¿Trata de eludir su deber como madre y que el Estado se encargue de su hijo? Usted sólo es una tonta.»


La película. El intercambio

El Intercambio. Changeling
2008. EEUU. 140 min.
Director: Clint Eastwood
Guionista: J. Michael Straczynski
Productores: Clint Eastwood, Brian Grazer, Ron Howard y Rob Lorenz.
Montaje: Joel Cox
Música: Clint Eastwood
Fotografía: Tom Stern
Reparto: Angelina Jolie (Christine Collins), John Malkovich (Reverendo Gustav Briegleb), Jeffrey Donovan (Capitán J.J. Jones), Jason Butler Harner (Gordon Northcott), Amy Ryan (Carol Dexter), Colm Feore (James Davis), Michael Kelly (Lester Ybarra), Geoff Pierson (S.S. Hahn), Denis O'Hare (Dr. Jonathan Steel), Eddie Alderson (Sanford Clark), Gattlin Griffith (Walter Collins).
Sinopsis:
Christine es una madre soltera en Los Ángeles a fines de los años veinte. Después que su esposo la dejó estando embarazada, dedicó la mayor parte de su tiempo a la crianza de su pequeño Walter y a su trabajo como supervisora en una empresa de telefonía. Madre amorosa, trabajadora ejemplar. El 9 de marzo de 1928, Christine Collins acompaña a su hijo Walter hasta la puerta de la escuela, y se va a trabajar. Un imprevisto le hace tardar más tiempo en volver de su trabajo. A su regreso, Walter no se encuentra. No aparece por ninguna parte. Ella se comunica con la policía, aunque del otro lado de la línea le informan que en casos de chicos perdidos se debe aguardar 24 horas para iniciar la búsqueda. Walter ha desaparecido sin dejar rastro. Insistió con el caso a la policía de Los Angeles, pero los custodios de la ley poco hicieron por resolverlo, hasta que cinco meses después aparece otro niño que asegura ser su hijo. La policía, a la que le vendrá muy bien la publicidad que surgirá de un reencuentro público, le entrega el niño con bombos y platillos ante la prensa. Christine, aturdida por los fotógrafos, los reporteros y la policía, acaba llevándoselo a casa a pesar de saber que no es su hijo. Cuando reclama que se sepa la verdad, le cuesta el descrédito y el internamiento forzoso en una clínica psiquiátrica, gracias al corrupto poder policial. Pero en su lucha para encontrar a su hijo, tendría como aliados al reverendo Gustav Briegleb, pastor de las iglesias presbiterianas de Saint Paul y Westlake en Los Ángeles, al abogado S.S. Hahn, conocido por defender casos criminales, y posteriormente, al Capitán J.J. Jones. Los agentes policiales empiezan a caer uno por uno, y el caso tomaría nuevo rumbo: Walter Collins era un niño más que habría sido asesinado por un psicópata. Años después, uno de las víctimas que escapó del asesino regresó al lado de sus padres y le dio a Christine un motivo por el cual vivir: la esperanza de que Walter podía estar vivo.


«Es una historia extraordinaria», dice la actriz Angelina Jolie. «Cuando empecé a leerla, no podía parar. Christine Collins fue una mujer admirable, pero como actriz había muchas cosas en la historia donde no quería meterme. No quería hacer una película acerca de un niño desaparecido porque creo que puede ser peligroso dejar entrar ciertas cosas en mi mundo, mis pensamientos. Pero me convenció la fuerza que demostró tener esa mujer. Me gustó mucho la historia porque expone la corrupción de los que están en el poder»



Clint Eastwood, el director. Información extraída de Wikypedia y otras fuentes.

Nació en 1930, en San Francisco, California, es un actor, director de cine, productor cinematográfico, guionista, músico y compositor estadounidense.
Ha sido galardonado con cinco premios Óscar, un premio Irving G. Thalberg, cinco premios Globo de Oro, un premio Screen Actors Guild Award y cinco premios People's Choice Awards además de otros numerosos premios internacionales. Su dilatada carrera cinematográfica se extiende de 1955 a la actualidad.
Con los spaghetti westerns Por un puñado de dólaresLa muerte tenía un precio, El bueno, el feo y el malo, se hizo famoso con su figura de duro. En 1968 creó su propia productora, The Malpaso Company (más tarde Malpaso Productions), con la que ha realizado todas sus películas desde entonces.
Ese mismo año, Don Siegel le ofrece el papel que marcará su carrera interpretativa, Harry el sucio, en el que retorna al hombre duro y sin piedad de las anteriores películas, pero convertido en agente de la ley.
Experimentando como director y evolucionando hacia una etapa más creativa, realiza varias películas seguidas, interpretadas por él mismo. Destacan FirefoxImpacto súbitoEl jinete pálido y finalmente El sargento de hierro.
A partir de ese momento dirige una serie de películas que le convertirán en uno de los directores más destacados de los años 90. Tras Bird y Cazador blanco, corazón negro, dirige la que algunos consideran su mejor película, Sin perdón, un clásico de los western. En Un mundo perfecto se dirigió a sí mismo y tras ella Los puentes de MadisonMedianoche en el jardín del bien y del mal (1997), y en el año 2000, Space Cowboys. Con Mystic River, en 2003, vuelve al drama. En 2004 dirige y protagoniza junto a Morgan Freeman Million Dollar Baby, que le hace ganar su segundo premio Óscar como mejor director, además de conseguir el premio a la mejor película.
En 2006 regresa a su faceta como director y dirige dos películas tituladas Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima. Ambas películas cuentan las experiencias de la Batalla de Iwo Jima desde los puntos de vista estadounidense y japonés respectivamente. En 2008 dirigió y actuó en Gran Torino, seguida en 2009 de Invictus, y en 2011 Más allá de la vida y J. Hoover.
 En El intercambio, protagonizada por Angelina Jolie, destaca la ambientación de una época, hasta en los más minimos detalles, el rigor de la documentación y la fidelidad a los personajes que existieron realmente. Bajo esa perspectiva, exhibe con dureza temas como la pena de muerte, los métodos de disciplina y castigo de los psiquiátricos y la corrupción policial.

La historia real
Información tomada de las notas de producción de la Universal Pictures, realizada en 2008 y de Wykipedia

Los crímenes de Wineville (fueron conocidos como asesinatos del gallinero de Wineville) son una serie de secuestros y asesinatos de niños que tuvieron lugar en Los Ángeles de 1928 a 1930. El caso expuso al gran público la corrupción en el Departamento de Policía de Los Ángeles y recibió atención nacional. En el año 1928, Los Ángeles estaba en manos de una infraestructura política despótica a cuya cabeza se encontraba el alcalde George E. Cryer, respaldado por el jefe de policía James E. “Dos pistolas” Davis (a menudo fotografiado adoptando una postura de matón con sus dos pistolas) y su grupo de policías pistoleros que aterrorizaban la ciudad. Frase del jefe de policía Davis que repite su personaje en el film: «Juzgaremos a los pistoleros en las calles de Los Ángeles. No me los traigan vivos, los quiero muertos. Cualquier agente que muestre la menor compasión merecerá una reprimenda». Es posible que la presión ejercida por el jefe de policía explique por qué intentaron resolver el caso Walter Collins cuanto antes, sin tener en cuenta que el chico que habían entregado a la madre no era el desaparecido.Pero el reinado del alcalde y del jefe empezó a hacer aguas cuando Christine Collins, denunció la desaparición del niño. Después de meses de búsqueda, la policía solo había obtenido una creciente publicidad negativa.
Cuando se encontró a un chico en DeKalb, Illinois, que decía ser Walter, Christine y todos los que participaban en la búsqueda contuvieron la respiración. Después de ver las fotos, las autoridades estaban convencidas de que el caso estaba resuelto. Christine reunió el dinero necesario para traer al niño y la policía de Los Ángeles organizó un auténtico montaje mediático para el reencuentro entre el niño y la desesperada madre. Estaban convencidos de que distraería la atención del público y alejaría la presión a la que empezaban a estar sometidos por su incapacidad para resolver este caso (y la mayoría de casos) y que además haría olvidar los numerosos escándalos de corrupción. Pero el problema fue que el niño en cuestión no era Walter.
A pesar de que Christine Collins declaró inmediatamente y en repetidas ocasiones que el niño no era su hijo, el agente encargado del caso, el capitán J.J. Jones, según lo que ella contó en la vista ante el Consejo Municipal, le dijo que “probara el niño un par semanas”. Confundida y desorientada, aceptó. Y el caso se cerró.
A las tres semanas, Christine Collins volvió con el niño diciendo que no era Walter por mucho que dijera la policía. El capitán Jones no estaba acostumbrado a que cuestionaran sus decisiones, y menos una mujer. Con la aprobación tácita de Davis, el jefe de policía, sometió a Christine a una campaña difamatoria y la hizo ingresar en el ala de psiquiátrica del hospital del condado para no reconocer su equivocación. Allí estuvo encerrada cinco horribles días bajo un «Código 12» reservado para personas difíciles, normalmente mujeres, a las que se ingresaba en el ala psiquiátrica sin orden judicial.
El niño que dijo ser Walter acabó reconociendo que tenía 12 años y que se llamaba Arthur Hutchens (también usaba el alias de Billy Fields), un chico del Oeste Medio que se había escapado de su casa y que quería llegar a Hollywood para conocer a Tom Mix, su actor favorito. Cuando oyó a alguien en un bar de carretera de Illinois decir que tenía un parecido asombroso con el chico Collins, se le ocurrió entregarse a las autoridades locales y hacerse pasar por Walter para que Christine le pagara el billete de autobús a Los Ángeles, le alojara y alimentara. Sólo después de que Hutchins admitiera la verdad, diez días más tarde, Christine fue puesta en libertad. Sin saberlo, su plan desencadenaría una serie de acontecimientos que cambiaría para siempre el comportamiento de la policía de Los Ángeles.
Un ministro presbiteriano llamado Gustav A. Briegleb ayudó a Christine Collins. Como una auténtica espina clavada en el costado del sistema, el activista alentaba a la gente a luchar contra la corrupción desde su programa de radio y sus sermones. Trabajó con Christine y su abogado para que el caso de Walter no se enterrara y para desvelar el tratamiento inhumano al que había sido sometida en el ala psiquiátrica.
El legendario letrado S.S. Hahn, se encargó del caso Collins y preparó el camino para la prohibición de los encarcelamientos realizados bajo el famoso «Código 12». Consiguieron que varios líderes políticos dimitieran y desenmascararon la corrupción que había invadido el departamento de policía.

Los personajes reales

Alcalde George E. Cryer
Gordon Stewart Northcott
Louisa Northcott
Capitán J. J. Jones

James Edgar Two Guns Davis

Arthur Hutchens, el niño impostor
Reverendo Gustav Briegleb
Walter Collins, el niño desaparecido

El juicio

En 1928, Sanford Clark, sobrino de 15 años de Gordon Northcott, llevó a la policía a la granja de pollos de su tío situada cerca de Wineville, California. Los agentes hicieron un horrible descubrimiento: los cadáveres de varios niños matados a hachazos y enterrados. Sanford Clark afirmó que uno de ellos era Walter, pero nunca se pudo demostrar.Los investigadores encontraron un hacha y restos de huesos, pelo, y los dedos de tres de las víctimas enterrados en cal cerca del gallinero del rancho de Northcott cerca de Wineville, de ahí el nombre de «asesinatos del gallinero de Wineville».
La investigación sacó a la luz la espeluznante vida que llevaban los Northcott en su granja de la muerte y consiguió resolver algunos casos de niños desaparecidos en la región. Se descubrió que Northcott, de 24 años, y su madre Sarah Louise Northcott, habían secuestrado, torturado y matado a niños en su propiedad. El asesino en serie fue condenado y ejecutado por la muerte de cuatro niños, aunque se estima que mató a muchos más. El homicida, un narcisista amante de la publicidad, jugó con Christine Collins hasta el día de su ejecución cambiando constantemente de versión acerca de lo que le hizo a Walter.
Después de 27 días de juicio, el 7 de febrero de 1929 Gordon Stewart Northcott fue declarado culpable de matar a Lewis y Nelson Winslow y otro niño mexicano no identificado. El jurado lo condenó por secuestrar, abusar sexualmente, torturar, asesinar, y descuartizar a estos y otros niños durante el año 1928. El 13 de febrero de 1929, el Juez Freeman condenó a Northcott a ser ahorcado, sentencia que se llevó a cabo 2 de octubre de 1930.
Más tarde, Louisa Northcott, madre del condenado, admitió haber asesinado a Walter Collins. Fue condenada a cadena perpetua en la prisión estatal de San Quintín, aunque se cree que Northcott había coaccionado a su madre para cometer el asesinato. En el número de la revista Time del lunes 11 de febrero de 1929, se informó que «Gordon Stewart Northcott, mientras que era juzgado por abusar y asesinar a cuatro niños, escuchó testificar a su madre que no era en realidad su madre, sino su abuela». La madre de Northcott fue condenada a cadena perpetua en la prisión de San Quentin.
Christine Collins murió en 1935 sin saber lo que le había pasado a su hijo. A pesar de que la mujer demandó a la ciudad y ganó el pleito, por lo que el municipio debía indemnizarla con 10.800 dólares, nunca cobró un centavo.

Gordon Northcott durante el juicio en su contra, en 1929.
 
Gordon Northcott trasladado a la prisión de San Quintín donde seria colgado.
 
Registro de la policía en el Rancho Northcott ,  Condado de Riverside.

Reverendo Gustav Briegleb (der)


Gordon Northcott
La confesión del crimen de puño y letra de Gordon Northcott
Gordon Northcott en el momento de su captura, en Kamloops, British Columbia. Foto fue publicada por Los Angeles Times en setiembre de 1928.
El niño usurpador, con su verdadera madre octubre 1928

Christine Collins
La granja de los horrores en Wineville, 1928.
Walter Collins a los 7 años.

El niño usurpador con Christine Collins
Gordon Northcott
Restos de hachas, huesos, pelo y los dedos de tres de las víctimas enterrados en cal cerca del corral de gallinas.
Gordon Northcott señala el lugar donde cometió sus crímenes
La policía de Los Ángeles cava en el predio en el que aparecerían los restos de los niños asesinados, entre ellos Walter Collins
Louisa Northcott, madre (?) de Northcott, en primer plano, durante el juicio por los asesinatos. Al fondo, de pie, Gordon Northcott.


Walter Collins, esposo de Christine Collins, preso en Bolsom durante los años de la desaparición de su hijo; murió en prisión.
Lo que no se cuenta en la película de la historia real

El padre de Walter Collins, el niño desaparecido, del que no aparecen muestras en la película, murió en la cárcel de Folsom en 1932. Al momento del secuestro de su hijo, él estaba en prisión, y tanto la policía, como la propia Christine Collins,  manejaron la hipótesis de que el niño había sido secuestrado como venganza.
Otro detalle: la madre de Gordon Northcott, Louisa Northcott, confesó haber cometido los crímenes, y fue sentenciada a prisión de por vida en San Quintín. Ella fue liberada en 1949, tras nueve años de cárcel. Su papel en los horrendos crímenes no es expuesto en la película.
Otro dato perturbador dejado por fuera de la película fue el siguiente: Gordon Northcott no era hijo de Louisa Northcott, aunque así se había hecho creer, sino que había nacido producto de la relación incestuosa de su esposo con su hija. El incesto fue confesado por la propia Louisa Northcott.
Las publicaciones de aquellos días publicaron las fotos del verdadero Walter Collins, el niño desaparecido, así como las del niño que usurpó su lugar, Arthur Hutchins. Además, el 28 de agosto de 1928, cinco meses después de la desaparición de Walter Collins, la prensa publicó una foto de Christine Collins y el niño que la policía aseguraba era su hijo.

domingo, 16 de octubre de 2016

Buenos Aires acoge por una semana un festival de cine migrante

Diversidad cultural, migración y Derechos Humanos son los ejes de un ciclo con 135 películas

"Fronteras Invisibles" muestra la realidad de los CIEs.

Existe una versión muy romántica acerca del significado de la bandera argentina y es aquella que la compara con el cielo e indica que todos aquellos que quepan bajo el techo eterno, son bienvenidos en estas tierras. Las guerras propias y ajenas, la conquista naval española y el avance industrial británico y la división del trabajo colmaron estas tierras de extranjeros y sus descendientes al punto que existen cientos de colectividades y según el último censo (2010) viven en Argentina 2.086.302 personas nacidas fuera, lo que representa el 4,8% de la población. No resulta extraño entonces que en Buenos Aires se realice con gran éxito el Festival Internacional de Cine Migrante (FICM). La edición de este año, la 7ª, cuenta con más de 135 películas de 50 países, que se exhibirán en 9 salas. El FICM realiza las ventanas a los festivales Internacionales, FILMADRID (España) y al Festival de Cine de Hamburgo (Alemania).
Luego de haber convocado a más de 36.400 personas en sus ediciones anteriores, el FICM se ha convertido además en un espacio de diálogo para organizaciones, instituciones y órganos de gobierno que trabajan el tema. “Tenemos un arco muy grande de películas, muchas de esas muy premiadas, como Le Bois dont les rêves sont faits, de Claire Simon, o In Jackson Heights, de Frederick Wiseman, que son los clásicos festivaleros; o películas como la sueca Fonko, de Göran Olsson, o La Permanence, de Alice Diop. No paro de sorprenderme con lo que preparamos para este año”, reconoce la directora del festival, Florencia Mazzardi. Entre los invitados internacionales resalta el austríaco Peter Schreiner quien será parte del jurado. La programación, además, cuenta con una retrospectiva con 4 de sus trabajos.
La directora nacida en Buenos Aires hace 38 años vivió mucho tiempo en Madrid y Barcelona y por causas políticas que involucraron a sus padres pasó parte de su infancia en Uruguay. “Hay algo de este proyecto que tiene que ver con una comprensión que viene de la experiencia por parte de todos los que hacemos el festival, pero más allá de eso, cuando hablamos de migración estamos hablando de traspasar una frontera que muchas veces no se circunscriben a los Estados Nación y que conforman esta dinámica de exclusión y estigmatización”, explica.


Florencia Mazzardi, directora del festival.  FICM


La presentación oficial del festival hace especial énfasis en los “nuevos paradigmas en las políticas migratorias que se están implementando en el territorio argentino”. Mazzardi explica que “Lo que ha sucedido hace 15 días con la instalación de una cárcel de migrantes es un cambio radical de una matriz muy presente en Argentina desde que se sancionó la vigente ley migratoria, que establece el derecho a migrar como un Derecho Humano”. “En este momento, pensar que con esa ley hay un espacio exclusivo para la detención de personas migrantes implica modificar algo muy claro desde el aspecto jurídico, porque convierte la posibilidad de acceder a la residencia, que en todo caso es una falta administrativa, en un delito penal”, agrega.
En relación con eso, el evento que se realiza desde el 11 de octubre y finaliza el próximo 19 tiene una sección urgente de películas que no fueron convocadas en la curaduría general sino que se venían presentando en otros espacios. “Estas cosas que veíamos con extrañeza como los centros de internamiento en España (por los CIEs) donde estuvieron personas muy allegadas a mí, ahora ocurren acá y cuando nosotros explicábamos la vigencia de la ley migratoria argentina en esos países nos decían que éramos la vanguardia del mundo”, afirma Mazzardi y finaliza: “tenemos una historia muy diferente a la realidad migratoria española, con un componente migratorio distinto y una frontera super permeable como para tener las mismas políticas”.

lunes, 26 de septiembre de 2016

El tren de la muerte boliviano quiere un Oscar

‘Carga sellada’, una coproducción de Bolivia con México, Venezuela y Francia, buscará la nominación a la estatuilla

Fotograma de 'Carga sellada'.
Un convoy, conocido como el tren de la muerte o el tren fantasma -según quién cuente la historia-, recorría en 1995 el altiplano boliviano por el abandonado sistema ferroviario con una misión: deshacerse de 400 toneladas de minerales y desechos tóxicos de países desarrollados en alguno de los parajes andinos de esta nación. La directora Julia Vargas-Weise (Cochabamba, Bolivia; 1942) se inspiró en este hecho para la realización de Carga sellada, una coproducción con México, Venezuela y Francia, el filme que representará a Bolivia en la búsqueda de la nominación a Mejor película extranjera en los Oscar.
Este road movie coescrito por Juan Lechín y Vargas-Weise, según explicó está última, es también un relato social, de poder, político, de personajes comunes en una situación que los sobrepasa y tienen que resolver mas allá de sus conflictos personales. “En ese microcosmos se reflejan los prejuicios, el autoritarismo, la femineidad, la ambición, el miedo, y muy importante, el humor”, precisa la directora.
El filme es protagonizado por el mexicano Gustavo Sánchez –que participó enHasta que te conocí-; la venezolana Prakriti Maduro, su compatriota Gonzalo Cubero y los bolivianos Luis Bredow, Fernando Arze, Daniela Lema, Jorge Hidalgo y Marcelo Quina.
Sánchez recibió con mucho agrado la noticia desde México. Dijo que la elección de Carga sellada como representante de Bolivia a los Oscar es un premio al “trabajo del esfuerzo colectivo”. La historia y la veracidad de los hechos fue lo que más le atrajo del proyecto e hizo hincapié en la “cuestión política” que plantea el largometraje. “Tiene que ver con la desatención, el olvido y el descuido a la seguridad de los pueblos por parte de los gobernantes”, explica vía telefónica. 
La película se estrenó a inicios de año en Bolivia y Venezuela. Antes de su exhibición comercial la locomotora de esta coproducción se abrió camino en los festivales de India, donde recibió el Premio Especial del Jurado; La Habana, Canadá y Ventana Sur de Argentina, entre otros. El largometraje continuará su recorrido por distintos certámenes del mundo. Sus próximas paradas serán en elFestival de Marbella, en España, y posteriormente en el AFI, en Washington y la muestra latina en Forth Worth, Texas, en EE UU.
El recibimiento ha sido “una sorpresa enorme” para Vargas-Weise. Sin embargo, la satisfacción final de la cineasta cochabambina también tuvo que enfrentar muchos desafíos durante la filmación. Uno de ellos tuvo que ver con La Federica. Es el nombre con el que se bautizó en el filme a la locomotora, la protagonista principal de esta historia. “La locomotora fue sacada de un museo y no se mueve sola. Tuvimos que camuflar la maquina moderna de la empresa ferroviaria que la empujaba, y depender de sus horarios para filmar el tren en movimiento o en locaciones alejadas”, cuenta Vargas-Weise.
Otra dificultad por la que pasó el equipo de producción y el elenco fue soportar el clima invernal del altiplano boliviano, ya que la realizadora buscaba retratar un paisaje agreste para reforzar el ambiente de la historia. “Trabajamos a 4.000 metros de altura [sobre el nivel del mar] con temperaturas que llegaron a menos 14 grados”, agrega.
Pionera en su labor
Sánchez dice que fue difícil filmar en el altiplano, pero que las ganas que tenía todo el equipo de hacer esta película ayudó a sobrellevar las duras condiciones. “Repetimos varias veces una escena en la que tenía que correr. Yo me jacto de tener una buena condición física, pero por la altura, por la presión, sentía que mi corazón estaba por explotar nada más por pegarle una carrera tras otra”, recuerda con humor.
El intérprete dio a conocer que tuvo que ensayar el acento boliviano para darle mayor credibilidad a su personaje. Lo que más le atrajo de meterse en la piel del capitán Mariscal fue como este va cambiando a raíz de los sucesos que le acontecen durante la película. “A él [capitán Mariscal] lo mueve la ilusión de ascender profesionalmente. Le prometen reasignarlo a la DEA, en EE UU, si lleva la carga. Sin embargo, los constantes obstáculos que enfrenta se vuelven en su contra y lo van cambiando, eso me gustó mucho”, añade Sánchez.
La cineasta es una de las pioneras en la fotografía profesional y del cine hecho por mujeres en Bolivia. Con Carga sellada,su tercer largometraje, se ha convertido en la realizadora de este país con más películas en su haber. Vivió la discriminación -en la valoración y remuneración de su trabajo- y forjó su carrera a base de temperamento. Estudió fotografía en la Escuela de Artes y Oficios en Suiza, por lo que es muy exigente con el tema de la imagen en sus producciones. “Hay fotógrafos que tienen un estilo muy marcado a lo hollywoodense. Esta películaplantea otro tipo de identidad lumínica, ya que tiene un estudio de varios años de lo que es la luz, la sombra y la cantidad de rayos ultravioleta que hay en el altiplano. Hemos tratado de plasmar eso”, explicaba Milton Guzmán, director de fotografía del filme, quien este martes fue reconocido con el Premio a Mejor Cinematografía en el Festival Internacional de Ekurhuleni, en Sudáfrica, por su trabajo enel último filme de Vargas-Weise.
La realizadora –fiel a su temperamento- no baja los brazos, ni su lente, y continúa con sus futuros proyectos en fotografía y cine. El camino a Hollywood es todavía largo y lleno de paradas para Vargas-Weise, La Federica y su Carga sellada.

miércoles, 27 de julio de 2016

El francesito

Enrique Pichon-Rivière fue el hombre que revolucionó la psicología argentina (y mundial). Psiquiatra y psicoanalista, para muchos tuvo casi el mismo peso que Sigmund Freud. En El francesito. Un documental (im)posible sobre Enrique Pichón-Riviere (2016), Miguel Kohan (Café de los Maestros, 2008) se adentra en la difícil tarea de juntar información para, como un detective-terapeuta, reconstruir su figura y analizar un fenómeno con tantos adeptos como detractores.
¿Quién fue Enrique Pichon-Rivière? Es una pregunta que casi todos sabrán responder. Pero, ¿quién fue en realidad este hombre venido de Francia, radicado en el Chaco, que revolucionó el psicoanálisis? La respuesta muy pocos la conocen. Y es por esa minoría, de quienes estuvieron cerca de él, que Kohan transita para encontrar la información que necesita para armar el retrato humano del hombre que sembró la semilla del psicoanálisis en el país con más psicoanalistas del mundo.
Kohan toma la posta, se mete adentro de la película en cuerpo y voz, para entrevistar a quienes lo conocieron o tuvieron alguna relación conPichon-Rivière. Unos audios perdidos con su voz, sin los cuales el documental podría quedar trunco, son el desencadenante para que el realizador construya una película con tintes detectivescos, donde buscará pistas que lo lleven a poder armar el retrato del personaje objeto de estudio. Retrato que busca sacarlo del bronce y mostrarlo como un ser humano más.
El psicoanálisis no sólo será parte de lo que se cuenta sino que también el eje de la puesta en escena, ya que Kohan recurre a un formato de entrevista de la misma forma que un terapeuta indaga en su paciente, sin por eso caer en el recurso del documental "psicológico".
En tiempos donde muchas veces los documentales biográficos salen airosos en su investigación pero fracasan en la puesta en escena al no encontrar una estructura original y desacartonada, que Kohan haya podido combinar ambos elementos con ingenio y creatividad es todo un logro que debe destacarse.
fuente:Juan Pablo Russo / Todos al divan