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sábado, 4 de agosto de 2012

Cartas Malraux- Aub


Las cartas de una lealtad republicana

Un libro recorre los 35 años de amistad, forjada en mitad de la Guerra Civil, entre el escritor y político francés y el autor español

BRAULIO GARCÍA JAÉN MADRID
André Malraux (izq) y Max Aub, en 1938, durante el rodaje de Sierra de Teruel'. ivac ricardo muñoz suay

André Malraux (izq) y Max Aub, en 1938, durante el rodaje de Sierra de Teruel'. ivac ricardo muñoz suay

Tan inmediata y fiel como su compromiso con la República, tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, fue la amistad que el novelista y político francés André Malraux entabló con el escritor español, nacido en Francia y muerto en México, Max Aub. El 21 de julio, tres días después del golpe, se conocieron en Madrid, adonde el ya flamante Premio Goncourt (por La condición humana, publicado en 1933) llegó para comprobar in situ las necesidades bélicas del Gobierno republicano, en el hotel Palace. Su amistad duró 35 años, hasta que Aub murió, en el exilio, sin haber encontrado a sus lectores, en 1972. Malraux, antes de morir cuatro años después, había sido el primer ministro de Cultura que tuvo Francia.

Dos vidas radicalmente dispares de las que ahora se publica un inventario de cartas, notas y testimonios reunidos por Gérard Malgat en André Malraux y Max Aub. La República Española, crisol de una amistad (Pagès editors-Universitat de Lleida). Un libro que refleja inevitablemente esa distancia entre ambas trayectorias, al tiempo que levanta acta de una fidelidad recíproca. "La complicidad entre Aub y Malraux se basaba en una fidelidad absoluta a la República española. De Aub por supuesto, pero de Malraux también, aunque después de la derrota no lo expresara mucho públicamente", cuenta Malgat .
"Malraux borró su vida íntima de los archivos", dice el compilador

'Los cocos' y Vichy

Malraux, de hecho, había formado la escuadrilla España, con la que reunió pilotos y aviones que participaron en varias misiones durante la Guerra Civil, en apoyo de la República. Y el silencio íntimo que mantuvo luego, alineado tras la figura del general De Gaulle desde el final de la II Guerra Mundial (del que fue primero ministro de Información y luego de Cultura), en absoluto reflejó que se hubiera desentendido de sus antiguos camaradas: "Él no participó en las movilizaciones para ayudar a los refugiados, pero ayudó a varios de ellos. Yo sé que ayudó a la viuda de Companys después de su fusilamiento, y a Bergamín, cuando tuvo que exiliarse por segunda vez [en 1963]. Bergamín estaba en París sin pasaporte y Malraux arregló sus papeles para que pudiera viajar a América Latina", dice Malgat por teléfono.

El propio Max Aub, como se refleja en algunas de estas cartas, le pidió ayuda personalmente cuando quiso volver a Francia (de la que había huido durante la ocupación nazi) en 1951. "Mi querido Max. Las cosas no se arreglarán fácilmente, ya que tienes un dossier al aparecer amañado por los cocos cuando tenían poder", fue su respuesta, cuando aún creía que se solucionaría pronto. Pero los comunistas (los cocos, los llama Malraux) no tenían nada que ver. En verdad, el dossier era el que había reunido la Policía francesa durante el régimen de Vichy, y cuyas consecuencias siguieron muchos años vigentes en la Francia de la posguerra. Aub no pudo regresar a Francia hasta 1958.

El autor francés llegó a Madrid tres días después del golpe de 1936
La discreción del político francés, por lo demás, se extendía al conjunto de su vida privada, a la que quiso proteger incluso después de muerto. "Malraux tuvo la obsesión de limpiar sus archivos: eliminó casi todo lo que estaba relacionado con sus amistades, con su vida más íntima", cuenta el compilador.
Un gesto que realza el interés de estas misivas, lacónicas, telegráficas a veces, del autor de L'Espoir que Malgat encontró en la Fundación Max Aub, en Segorbe. "Aub solía guardar las cartas que recibía. Y tenía copia también de sus propias cartas. Así encontré 75 cartas de Aub y 35 de Malraux".

La amistad de Malrax y Aub se forjó, sobre todo, durante el rodaje de Sierra de Teruel, la película que el francés quiso exportar para ganar la guerra de la propaganda y cuyo rodaje se inició a partir de julio de 1938.

Aub recuerda su genésis en uno de los anexos: "Malraux entró en mi despacho de Barcelona y me dijo: Vamos a hacer una película'. Mi trabajo es el teatro', respondí yo. El mío es la novela, pero ahora vamos a hacer cine". La película se hizo, pero la guerra, también la de la propaganda, se perdió. Ni Francia, ni Inglaterra ni EEUU rompieron su neutralidad.

viernes, 3 de agosto de 2012

MALRAUX Y EL CINE

(Este film es conocido también como 'La esperanza', homónimo de su novela)

 

SIERRA DE TERUEL - . ANDRÉ MALRAUX.

 
 
 
  “Sierra de Teruel” (1939), de André Malraux es una coproducción hispano- francesa sobre la guerra civil española. Prohibida por el gobierno francés, no fue estrenada en el país galo hasta 1945, mientras que en España, hubo que esperar hasta 1977 para poder verla en los cines. Es considerada por la crítica y por los historiadores como la mejor película de ficción realizada durante la guerra civil en la zona republicana. Está dirigida por el francés André Malraux, conocido escritor, Ministro de Cultura en Francia,  fue teniente coronel del ejército republicano, con una escuadrilla de pilotos a su mando, similar a la que protagoniza esta película. Además cuenta con la colaboración del importante escritor Max Aub.

   El argumento de la película está basado en un fragmento de la novela L'Espoir, del propio director Malraux. “Sierra de Teruel” cuenta la historia de una escuadrilla del ejército republicano formada en gran parte por pilotos de las Brigadas Internacionales, que tiene como misión volar un puente para romper el cerco “nacional” en
la Batalla de Teruel.

   “Sierra de Teruel” es considerada por muchos críticos como la mejor película española jamás rodada sobre la guerra civil. Esta opinión general no resulta extraña al observar las increíbles escenas bélicas, el tratamiento neorrealista de los personajes, la fidelidad a la realidad del momento y su curioso acercamiento a la objetividad política, alejada de excesos propagandísticos.
   Ni siquiera en las películas contemporáneas sobre
la Guerra Civil se observan prácticamente escenas bélicas, y si las hay, son de una calidad ínfima. En “Sierra de Teruel” se muestran bombardeos, explosiones, batallas aéreas, se utilizan metralletas, cañones y tanques. Todo un dispositivo armamentístico dispuesto a recrear ficticiamente una batalla de
la Guerra Civil, en condiciones. Destacan secuencias como el ataque que realiza un grupo de republicanos subidos en un coche con ametralladoras, contra un cañón de los franquistas o la caída por accidente de un aviador que llevaba décadas sin pilotar un avión. Pero la escena bélica más destacable de la película es el bombardeo de un puente en la zona nacional por el caza republicano Polikarpov I-15, que se verá envuelto en una feroz batalla contra los cazas del ejército nacional, cayendo derribado en la sierra de Teruel, mostrándose una gran cantidad de explosiones, disparos, bombardeos… atípicos en toda la historia del cine español.
 
  Uno de los grandes aciertos que honra a esta película ha sido conseguir plasmar del modo más realista posible la situación real que se vivía en la zona republicana, alejándose de todo tratamiento épico. Malraux, a pesar de ser un reconocido antifascista, refleja un ejército republicano escaso de medios, armas y preparación, como se observa en las escenas en las que se reparte las armas a los soldados, dándoseles escasísima munición o en la práctica imposibilidad de conseguir automóviles para desplazarse. En este aspecto, destaca la secuencia en la que los oficiales republicanos se ven obligados a pedir a los habitantes del pueblo que les lleven objetos de hierro (pucheros, recipientes…) para poder fabricar las bombas que utilizarán en el ataque, debido a la falta de materiales.
   En contraposición, “Sierra de Teruel” muestra la solidaridad entre los campesinos, el funcionamiento de los comités del Frente Popular, la confianza de los militares republicanos en el pueblo llano o la ayuda mutua que se prestaban los pueblos de la llamada zona “roja”. Estos aspectos se observan en la escena en la que un oficial se lleva en avión a un campesino que no sabía ni interpretar un mapa, pero aún así, el oficial confía en sus conocimientos para reconocer un campamento enemigo, o en la secuencia en la que los pueblos cercanos prestan los automóviles requisados para realizar una acción militar. Pero es la secuencia final la que mejor expresa la solidaridad y la ayuda mutua entre los campesinos, cuando todos se unen en una cadena humana para ayudar a descender los cuerpos de los soldados heridos desde lo alto de la sierra. El gran mérito de la película es no caer en el típico filme propagandístico, tan característico en la producción durante la guerra civil en uno y otro bando.

    Otro de los grandes aciertos es la aproximación al neorrealismo, género que no se desarrollaría plenamente hasta los años 40, en Italia, por lo que se puede considerar a “Sierra de Teruel” como una precursora del género. La película utiliza numerosos intérpretes no actores, gentes de los pueblos de Teruel, dando un mayor carácter documental a la película, así como actores que interpretan a la perfección a los campesinos y obreros aragoneses, dándole un realismo absoluto a la historia narrada. Para crear la atmósfera adecuada para la película, el director utiliza fragmentos musicales de flamenco o de canciones populares de la época.

   “Sierra de Teruel” ha sido considerada una película semiclandestina. Se comenzó a rodar en
la España republicana en 1938, y sin terminar de rodarla, el equipo tuvo que exiliarse en Francia en 1939, cuando las tropas franquistas entraron en Cataluña. En Francia terminaron de montarla, pero cuando los nazis entraron allí, destruyeron los negativos originales. A pesar de ello, se salvó una copia a la que se le amputaron fragmentos del final, se incluyeron nuevos rótulos entre secuencias y se manipularon los títulos de crédito.

   Una película maltratada en su época debido a la adversa situación política del momento en España y Europa, estrenada tardíamente, cercenada, incluso se le cambió el título por “Espoir”, para que se llamase igual que la exitosa novela de A. Malraux, con claros fines comerciales.
   A pesar de ello, “Sierra de Teruel” es considerada la mejor película sobre
la Guerra Civil Española de todos los tiempos, con excelentes críticas a nivel mundial. Aunque llegó a ser estrenada en EEUU en 1947 y ganó un premio Louis Delluc en 1945, no fue hasta los años 60 cuando fue redescubierta por el público cinéfilo, proyectándose en el Festival de Venecia de 1965 y reivindicada recientemente por Víctor Erice. Sin duda, un documento de ficción único sobre
la Guerra Civil. Una película que aún lucha por el reconocimiento que se merece.


G. TIRADO